Carta a
Camila:
Hoy, un día de otoño, te marchas para
siempre querida mía, ya no volveré a ver tus ojos oscuros, ni tu sonrisa interminable,
ya no estarás más conmigo y tu voz de pito no llenará el ambiente de nuevo.
Ahora que te vas, podrás cumplir tus sueños de un mundo creado por ti, para ti;
podrás fingir ser otras personas como siempre lo hacías en tu amado teatro;
podrás ser libre sin importar que diga la gente y ser quién eres de verdad; ya
no llorarás por las noches y dirás que estás bien al día siguiente.
Extrañaré infinitamente tu entusiasmo, tu
amor por lo que haces, tu pequeña hiperactividad y fuerza de voluntad; esas
ganas de amar que tenías y ese amor que sentías; tus expectativas y sueños; la poesía
en cada una de las cosas; las historias de tu mente que son tu vida y esa forma
de darnos ánimo. ¿Qué voy a hacer sin ti?
Ya no estarás con tus mascotas que tanto
amas, ya no serás la niña que se apasionaba por escribir, no usarás tu ropa de
colegio y no pasarás por el adiós que nunca quieres, pero que sabías que debía
llegar. Te despides de este mundo, y te vas, aunque, al final, yo siempre me
quede.
Siempre tuya, tu otro yo.